EL ARTE DE APAGAR INCENDIOS - Por Paula García

Cuando vivir en alerta se convierte en tu rutina.


Apagar incendios da identidad.

Resolver problemas genera una falsa sensación de control.

Vivir en alerta permanente hace sentir necesaria.


Así empieza el círculo.


Más tareas, más urgencia, más velocidad.

Días cargados de pendientes imposibles.

Llegar tarde, correr todo el tiempo, asumir compromisos que no entran en la lógica real de un día.


El día tiene 24 horas.

Dormir, comer y vivir no son negociables.

Y, aun así, insistimos en exigirle al tiempo algo que no puede dar.


Puedo pasar horas cocinando para organizar la semana, ordenando la casa, cuidando mi cuerpo, bajando el ritmo.

Termino cansada físicamente, pero aun así aparece la duda:

¿Esto cuenta como productividad?


No lo digo como una verdad universal.

Lo digo como experiencia.

Como una creencia que tuve que revisar —y sigo revisando— incluso en terapia.


Cuando no hay un propósito claro, las acciones empiezan a perder sentido.

Y cuando el sentido se diluye, el caos deja de ser circunstancial y se vuelve identitario.


Vivís apagando incendios y, sin darte cuenta, eso pasa a ser quién sos.


La adrenalina mantiene la mente ocupada.

Demasiado ocupada como para detenerse y escuchar qué está pasando adentro.


El frenesí anestesia.

Evita el silencio.

Evita las preguntas.

Evita el encuentro con una misma.


Y cuando el ruido baja, aparece el miedo.


Ahí llega el jaque mate.


¿Quién sos cuando no estás produciendo?

¿Quién sos cuando no sos necesaria?

¿Quién sos cuando no hay nada urgente que resolver?


No todos los incendios son reales.

Algunos los heredamos.

Otros los sostenemos.

Y algunos, incluso, los creamos.


La pregunta no es cuántos incendios sos capaz de apagar.

La pregunta es por qué necesitás vivir rodeada de fuego.


Bajar el ruido externo no trae respuestas inmediatas.

Trae incomodidad.

Pero también claridad.


Pensar qué vale la pena.

Qué no.

Qué no querés hacer más.

Qué necesitás hacer.

Qué sí querés construir.


No todo se resuelve con fuerza de voluntad.

Algunas transformaciones aparecen cuando cambia la relación que tenés con vos misma.


Cuando escribís las cosas, las volvés reales.

Encarnás las ideas.

Las sacás del ruido mental y las traés al cuerpo.


No para hacer más.

Sino para hacer mejor.


Vivir mucho tiempo en automático hace que esa vida parezca la única posible.

Como en el mito de la caverna: acostumbrarse a las sombras hace creer que no hay nada más.


Pero cuando te animás a cuestionar lo aprendido, a desaprender patrones, a mirar más allá de lo conocido, algo se ilumina.

Y sí, duele.

Porque implica soltar formas de vivir que alguna vez funcionaron.


El verdadero orden no es apagar más incendios.

Es elegir cuáles merecen tu energía.

Y ahí empieza otra forma de vivir.



PAULA GARCÍA

Directora Creativa de Paula Design

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